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El Mundial 2026 no lo ganó la IA: le anuló un gol a Colombia

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FIFA y Lenovo llevan desde octubre de 2024 vendiendo el discurso: el Mundial 2026 sería “el torneo de la inteligencia artificial”. Balón con sensor de contacto, escaneo 3D de los 1.248 jugadores convocados, offside semiautomático de segunda generación. Los términos económicos del acuerdo nunca se hicieron públicos —ni FIFA ni Lenovo soltaron la cifra—, pero el aparato de comunicación sí. Terminado el torneo, vale la pena mirar los casos concretos en vez del comunicado de prensa.

El caso Dávinson Sánchez: cuando el “frame” decide un Mundial

El ejemplo más claro no hay que buscarlo en un paper académico: pasó en el Grupo K. A Colombia le anularon un gol de Dávinson Sánchez ante Portugal por fuera de juego de apenas la punta del zapato derecho, en un empate 0-0 que definió la suerte del grupo. La polémica no fue si el sistema podía medir centímetros —eso lo hace bien—, sino qué fotograma exacto eligió como momento del pase. Analistas arbitrales de Archivo VAR cuestionaron después si el “frame” seleccionado era el correcto.

No fue un caso aislado. En Inglaterra-Croacia, la misma cadena señaló que el sistema usó el instante en que el balón sale del pie del jugador, no el de primer contacto, para anular un gol croata en el segundo tanto inglés. El patrón se repite: el offside semiautomático (SAOT, por sus siglas en inglés) no falla en la medición milimétrica —para eso existe—, falla en la decisión, todavía humana, de cuál imagen usar como referencia. La tecnología no eliminó el margen de interpretación; lo trasladó un paso atrás, a una decisión que sigue sin ser auditable en tiempo real para el espectador.

La cifra que nadie repitió en los titulares

Según datos de Sofascore recogidos durante el torneo, para cuando se llegó a dieciseisavos de final ya se habían registrado más de 100 intervenciones del VAR. Es un número alto para un sistema que se instaló, entre otras razones, para reducir la fricción del arbitraje asistido. El VAR de 2026 no eliminó la polémica: la reubicó. Ya no se discute tanto lo que vio el árbitro en la cancha, sino cuándo decide intervenir la sala de video, cuándo no, y por qué jugadas similares —Dávinson en el Grupo K, Croacia en octavos— terminan con resoluciones distintas sin que el criterio esté claro para nadie fuera de la sala VAR.

Lo que sí es escala pura, sin ambigüedad de por medio

Donde la IA rindió sin discusión fue en tareas de puro volumen. El software de scouting de Lenovo procesó los partidos de las 48 selecciones —doce más que en Qatar 2022— durante eliminatorias y amistosos, generando reportes que ningún cuerpo técnico humano podría producir a esa escala revisando video manualmente. Es el mismo patrón que documentó Cristancho, ejecutivo citado en el informe sectorial sobre tecnología deportiva: en Fórmula 1, sistemas de agentes de IA redujeron el tiempo de resolución de incidentes operativos de 45 minutos a cuatro. Ahí no hay ambigüedad de criterio que resolver, solo datos que procesar más rápido que un humano.

La diferencia entre ese caso y el offside de Dávinson Sánchez es la diferencia que importa: comprimir información es un problema de cómputo. Decidir cuál fotograma cuenta como “el momento del pase” es un problema de criterio, y ahí la IA no quita la subjetividad, la esconde detrás de una interfaz que parece objetiva porque muestra líneas y un avatar 3D.

La pregunta que vale más que el comunicado de prensa

Enrique Puertas, profesor de IA y Big Data de la Universidad Europea, lo resumió bien durante el torneo: los sistemas no son adivinos, son modelos probabilísticos que dependen de datos conocidos y no garantizan nada frente a variables como el estado físico real de un jugador o un error de criterio arbitral. Eso no cambia con la próxima versión del software.

Para separar la señal del ruido en la próxima ola de anuncios “IA + deporte” —clubes, ligas, la NFL con su sistema Digital Athlete para prevención de lesiones, la Fórmula 1— la pregunta útil no es “qué tan avanzado es el modelo”. Es esta: ¿el problema que resuelve es de volumen de datos, o es de criterio bajo ambigüedad? El Mundial 2026 dejó el experimento más caro y más visible jamás hecho sobre esa distinción, y el marcador quedó claro: la IA ganó el primero, perdió el segundo, y a Colombia le costó un gol en fase de grupos.

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